Introducción a la argumentación y el lenguaje
El lenguaje humano y sus funciones
El lenguaje es la herramienta fundamental de la filosofía. A diferencia de otros sistemas de comunicación animal, el lenguaje humano es simbólico y versátil. Según la clasificación clásica de Karl Bühler y ampliaciones posteriores, distinguimos tres funciones principales:
- Función representativa o referencial: Se usa para transmitir información objetiva sobre el mundo (ej. "Hoy es martes"). Es la única función de la que podemos decir si es verdadera o falsa.
- Función expresiva: Comunica sentimientos o estados de ánimo (ej. "¡Qué alegría verte!").
- Función apelativa: Busca influir en la conducta del receptor (ej. "Cierra la puerta").
Es crucial distinguir entre el uso y la mención del lenguaje. Usamos una palabra cuando nos referimos a la realidad (El perro ladra), pero la mencionamos cuando hablamos de la palabra misma ("Perro" tiene cinco letras), lo cual solemos indicar con comillas.
Estructura de un argumento
Un argumento es un conjunto de enunciados donde unos (premisas) se ofrecen como razón para aceptar otro (conclusión).
- Proposiciones: Son oraciones declarativas que pueden ser verdaderas o falsas.
- Premisas: Son los puntos de partida que sostienen la tesis.
- Conclusión: Es la afirmación que se pretende demostrar.
- Indicadores de inferencia: Palabras que nos ayudan a identificar la estructura, como "porque", "puesto que" (para premisas) o "por tanto", "en consecuencia" (para conclusiones).
Verdad, validez y solidez
En lógica, es vital no confundir estos tres conceptos:
- Verdad: Es una propiedad de las proposiciones (si lo que dicen coincide con la realidad).
- Validez: Es una propiedad de los argumentos. Un argumento es válido si su estructura formal garantiza que, si las premisas son verdaderas, la conclusión debe serlo necesariamente.
- Solidez: Un argumento es sólido cuando es formalmente válido y sus premisas son, de hecho, verdaderas.


