El Imperio Bizantino: La pervivencia de Roma
Origen y evolución política
El origen de Bizancio se remonta al año 330 d.C., cuando el emperador Constantino trasladó la capital a Constantinopla (la antigua Bizancio). Su ubicación estratégica entre Europa y Asia, controlando el paso del Mar Negro al Mediterráneo, la convirtió en una fortaleza inexpugnable.
El momento de mayor esplendor llegó con el reinado de Justiniano I (527-565 d.C.). Su sueño era restaurar la unidad del antiguo Imperio Romano (Recuperatio Imperii). Conquistó territorios en el norte de África, Italia y el sur de la Península Ibérica. Además, realizó una labor legislativa fundamental: el Código de Justiniano (Corpus Iuris Civilis), que recopiló y organizó las leyes romanas, siendo la base del derecho moderno en Europa.
Organización del Estado y sociedad
El sistema político bizantino se basaba en el Cesaropapismo: el emperador (Basileus) concentraba tanto el poder político como el religioso, considerándose el representante de Dios en la Tierra. Para gobernar un territorio tan vasto, se apoyaba en una burocracia imperial muy eficiente y un ejército profesional.
La sociedad estaba fuertemente jerarquizada:
- Nivel superior: El Basileus, la alta aristocracia y el alto clero.
- Nivel medio: Funcionarios, comerciantes ricos y artesanos especializados.
- Nivel inferior: Campesinos (que pagaban altos impuestos) y siervos.
El comercio marítimo fue el motor de su economía, intercambiando productos de lujo (seda, especias, perfumes) entre Oriente y Occidente.
Cultura y arte bizantino
La cultura bizantina fue una síntesis de lo clásico y lo cristiano. Aunque hablaban griego, se consideraban "romanos". En el arte, destacaron por su grandiosidad y espiritualidad:
- Arquitectura: Su obra maestra es la basílica de Santa Sofía en Constantinopla, famosa por su enorme cúpula que parece "flotar" sobre la luz de las ventanas.
- Mosaicos e iconos: Utilizaban teselas de colores y oro para decorar iglesias. Los iconos (pinturas religiosas sobre tabla) eran objetos de gran devoción.
En el ámbito religioso, las tensiones con el Papa de Roma crecieron hasta el Cisma de Oriente (1054), que dividió a la cristiandad en la Iglesia Católica (Occidente) y la Iglesia Ortodoxa (Oriente).


