Los Orígenes de Roma y la Etapa Monárquica
Fundación Mítica e Histórica
La historia de los orígenes de Roma mezcla la leyenda con la realidad arqueológica. Según la tradición literaria (especialmente en La Eneida de Virgilio), los romanos descendían del héroe troyano Eneas, quien llegó al Lacio tras la caída de Troya. Siglos después, sus descendientes, los gemelos Rómulo y Remo, fueron abandonados en el Tíber y amamantados por una loba. Rómulo fundaría la ciudad en el año 753 a.C. tras matar a su hermano.
Desde el punto de vista histórico y arqueológico, Roma surgió de la unión de aldeas de latinos y sabinos situadas en las colinas cercanas al Tíber (el Septimontium o siete colinas). La posición era estratégica: un vado natural en el río que facilitaba el comercio de sal y la defensa. La influencia etrusca fue determinante en la urbanización inicial, aportando conocimientos de ingeniería, ritos religiosos y símbolos de poder.
Las Instituciones de la Monarquía
Durante la monarquía (753-509 a.C.), el poder no era absoluto ni hereditario. Las instituciones principales eran:
- El Rex (Rey): Era el jefe militar, judicial y sumo sacerdote. Su cargo era vitalicio, pero elegido por el Senado.
- El Senado: Formado por los patres o jefes de las familias linajudas (patricios). Su función original era asesorar al rey.
- Los Comicios Curiados: Asamblea de ciudadanos agrupados en curias. Tenían funciones principalmente formales, como ratificar la elección del rey.
- La Religión: Estaba estrechamente ligada al poder. El rey debía interpretar la voluntad de los dioses a través de los auspicios.
Los Siete Reyes de Roma
La tradición enumera siete reyes, divididos en dos etapas:
- Etapa Latino-Sabina: Reyes como Rómulo (fundador), Numa Pompilio (organizador de la religión) y Anco Marcio (constructor del puerto de Ostia). Se centraron en la creación de instituciones básicas.
- Etapa Etrusca: La dinastía de los Tarquinios. Destaca Servio Tulio, quien realizó una reforma censitaria fundamental que dividía a la población según su riqueza y no solo por su linaje.
El último rey, Tarquinio el Soberbio, gobernó de forma tiránica. Su expulsión en el 509 a.C., tras la violación de Lucrecia por su hijo, marcó el fin de la monarquía y el nacimiento de la República.


