Cosmogonía y el Origen del Panteón
El Caos y la creación del mundo
Para los antiguos griegos y romanos, el principio de todo no fue la nada, sino el Caos: un estado de confusión y vacío primordial. De este estado surgieron las primeras entidades divinas, conocidas como fuerzas elementales.
- Gea (la Tierra): La madre universal que surge del Caos.
- Urano (el Cielo): Engendrado por Gea, a quien cubre totalmente.
De la unión de Gea y Urano nacieron los Titanes, los Cíclopes y los Hecatónquiros. Sin embargo, Urano, temiendo que sus hijos le arrebataran el poder, los mantenía prisioneros en el interior de la tierra. Gea, sufriendo por sus hijos, instigó al más joven de los Titanes, Cronos (Saturno), a rebelarse. Cronos llevó a cabo la castración de Urano con una hoz de sílex, separando así el Cielo de la Tierra y permitiendo que el tiempo comenzara a correr.
La Titanomaquia
Tras derrocar a su padre, Cronos se convirtió en el soberano. Sin embargo, cayó en el mismo error: una profecía decía que uno de sus hijos lo destronaría. Para evitarlo, Cronos devoraba a sus hijos (Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón) nada más nacer.
Su esposa Rea, desesperada, logró salvar al sexto hijo, Zeus (Júpiter), entregándole a Cronos una piedra envuelta en pañales. Zeus creció oculto en Creta y, al llegar a la madurez, obligó a su padre a vomitar a sus hermanos. Así comenzó la Titanomaquia, una guerra de diez años entre los Titanes (liderados por Cronos) y los Olímpicos (liderados por Zeus). Gracias a la ayuda de los Cíclopes (que regalaron el rayo a Zeus) y los Hecatónquiros, los Olímpicos vencieron y encerraron a los Titanes en el Tártaro.
La Gigantomaquia
Incluso después de vencer a los Titanes, el poder de Zeus no estaba totalmente a salvo. Gea, furiosa por el destino de los Titanes, incitó a los Gigantes (seres enormes y violentos) a asaltar el Olimpo.
Este conflicto se conoce como la Gigantomaquia. Una profecía advertía que los dioses solo podrían vencer si contaban con la ayuda de un mortal. Ese mortal fue Heracles (Hércules), cuya fuerza y flechas fueron decisivas para derrotar a los gigantes como Alcioneo y Porfirión. La victoria de los Olímpicos supuso la consolidación definitiva del orden de Zeus sobre las fuerzas del desorden y la naturaleza salvaje.


