La ruptura con la tradición: Impresionismo y Expresionismo
El color del sonido: El Impresionismo
El Impresionismo musical, liderado por Claude Debussy, no busca contar una historia dramática, sino sugerir una atmósfera o una "impresión". La música se vuelve etérea y evocadora.
- Escalas pentatónicas y de tonos enteros: Se abandonan las escalas tradicionales por otras que no tienen una dirección clara, eliminando la sensación de tensión y reposo.
- Difuminación melódica: Las melodías no tienen contornos precisos; parecen flotar sin un principio ni un fin claros.
- Instrumentación: Se da una importancia vital al timbre (el "color" del sonido), utilizando el arpa, la flauta y las sordinas en los metales para crear efectos vaporosos.
La estética del grito: El Expresionismo
Frente a la belleza sugerida del Impresionismo, el Expresionismo alemán busca plasmar el mundo interior del ser humano: la angustia, el miedo y la locura.
- Arnold Schönberg: Es la figura central. Su música evoluciona desde un romanticismo tardío hasta la ruptura total con la tonalidad.
- Atonalidad libre: Es la ausencia de un centro tonal. Todas las notas son iguales en importancia, lo que genera una sensación de tensión constante y disonancia.
- Sprechgesang (canto hablado): Una técnica vocal donde el cantante debe seguir el ritmo pero solo sugerir la altura de las notas, creando un efecto inquietante y expresivo.
El sistema dodecafónico
Para organizar el caos de la atonalidad libre, Schönberg inventó el Dodecafonismo. Este sistema se basa en la Serie, una ordenación de las doce notas de la escala cromática.
- No se puede repetir ninguna nota hasta que hayan sonado las otras once.
- La serie puede usarse de forma original, retrógrada (al revés), invertida (espejo) o retrógrada-invertida.
- Este movimiento formó la Segunda Escuela de Viena, junto a sus discípulos Alban Berg y Anton Webern.


