Contexto Histórico y el Latín Vulgar
Del Latín Clásico al Latín Vulgar
El latín no era una lengua monolítica. Debemos distinguir entre el latín clásico (la lengua literaria, estandarizada por autores como Cicerón o Virgilio) y el latín vulgar (sermo vulgaris). Este último era la lengua hablada por el pueblo, los soldados y los comerciantes.
La evolución hacia las lenguas romances se explica mediante tres conceptos clave:
- Sustrato: Influencia de las lenguas que se hablaban en un territorio antes de la llegada del latín (ej. lenguas prerromanas como el íbero o el celta).
- Adstrato: Influencia mutua entre lenguas vecinas que conviven sin que una elimine a la otra.
- Superestrato: Influencia de la lengua de un pueblo conquistador que no logra sustituir a la lengua nativa, pero deja huellas (ej. el germánico o el árabe).
El latín vulgar es el verdadero padre de las lenguas romances, ya que presentaba una mayor tendencia a la simplificación y al uso de perífrasis.
La Romanización de la Península Ibérica
La conquista romana comenzó en el 218 a.C. (desembarco en Ampurias) y terminó en el 19 a.C. con Augusto. La romanización fue el proceso de aculturación por el cual los pueblos hispanos adoptaron las leyes, costumbres y, sobre todo, la lengua de Roma.
El latín se impuso como lengua de cohesión administrativa y comercial. Sin embargo, el latín hablado en Hispania presentaba rasgos arcaizantes y dialectales debido a la lejanía de Roma y a la fuerte influencia del sustrato paleohispánico.
Formación de las Lenguas Romances
Tras la caída del Imperio Romano de Occidente (476 d.C.), las comunicaciones se rompieron. El latín vulgar de cada región comenzó a evolucionar de forma independiente, creando un continuo dialectal.
En el norte de la Península, el castellano nació en los condados orientales del Reino de León (Cantabria y Burgos). Los primeros testimonios escritos del romance aparecen en las Glosas Emilianenses y Silenses (siglo XI), breves anotaciones en los márgenes de manuscritos latinos para explicar términos que los monjes ya no entendían.


