Planificación y Análisis del Texto
Análisis de la situación comunicativa
Todo acto de escritura nace de una necesidad. Para que el texto sea eficaz, debemos identificar:
- El destinatario y el registro: No escribimos igual a un amigo que a un comité de admisiones universitario. Debemos elegir entre un tono formal (uso de fórmulas de cortesía, ausencia de contracciones) o informal (lenguaje coloquial, uso de phrasal verbs comunes).
- Propósito comunicativo: ¿Queremos informar sobre un hecho, persuadir al lector de nuestra opinión o narrar una experiencia? El objetivo determinará el tipo de verbos y estructuras que utilizaremos.
- Contexto y canal: El formato cambia si es un artículo de revista, un correo electrónico o un ensayo académico.
Generación y organización de ideas
Una vez analizado el qué y el quién, pasamos al contenido:
- Lluvia de ideas (Brainstorming): Anota todas las palabras clave y conceptos relacionados con el tema sin juzgarlos inicialmente.
- Mapas conceptuales: Conecta las ideas para ver cuáles son principales y cuáles secundarias.
- Selección de información: Descarta las ideas irrelevantes o aquellas para las que no tengas el vocabulario necesario, priorizando la claridad y la relevancia.
Estructuración del discurso
Un texto bien organizado debe seguir una estructura lógica, generalmente dividida en tres bloques:
- Introducción: Presenta el tema y, si es necesario, la tesis o idea principal. Debe captar la atención del lector.
- Desarrollo: Se divide en varios párrafos. Cada párrafo debe contener una sola idea principal apoyada por ejemplos o detalles.
- Conclusión: Un resumen de los puntos clave y una reflexión final que cierre el texto de forma coherente. Es fundamental trabajar con borradores preliminares para ajustar la estructura antes de la redacción definitiva.


