La proclamación y el Bienio Reformista (1931-1933)
El fin de la Monarquía y la Constitución de 1931
Tras la dictadura de Primo de Rivera y el desprestigio de Alfonso XIII, las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 se convirtieron en un plebiscito sobre la monarquía. Aunque los monárquicos ganaron en zonas rurales, los republicano-socialistas triunfaron en las grandes ciudades. El 14 de abril se proclamó la Segunda República y el rey partió al exilio.
La Constitución de 1931 fue un texto de vanguardia que definió a España como una "República democrática de trabajadores de toda clase". Sus puntos clave fueron:
- Soberanía popular: El poder emanaba del pueblo.
- Laicismo: Separación total Iglesia-Estado y fin del presupuesto para el clero.
- Sufragio universal femenino: Gracias al impulso de figuras como Clara Campoamor, las mujeres votaron por primera vez en igualdad de condiciones.
Las grandes reformas estructurales
El gobierno de Manuel Azaña emprendió un ambicioso plan para modernizar las estructuras del país:
- Reforma agraria: La Ley de Bases de la Reforma Agraria (1932) buscaba asentar a campesinos sin tierra en latifundios infrautilizados, especialmente en Andalucía y Extremadura. Fue un proceso lento que generó frustración en el campesinado y oposición en los terratenientes.
- Reforma militar: Azaña buscó profesionalizar el ejército y asegurar su lealtad a la República. Redujo el exceso de oficiales y cerró la Academia General Militar de Zaragoza.
- Reforma educativa: Se crearon miles de escuelas y plazas de maestros. Las Misiones Pedagógicas llevaron la cultura (teatro, cine, bibliotecas) a los pueblos más remotos para combatir el analfabetismo.
La cuestión autonómica y religiosa
La República reconoció por primera vez el derecho a la autonomía. Se aprobó el Estatuto de Nuria (1932), que otorgó a Cataluña un gobierno propio (la Generalitat). El País Vasco y Galicia también iniciaron sus trámites autonómicos.
En el ámbito religioso, la Ley de Congregaciones Religiosas limitó la influencia de la Iglesia, especialmente en la enseñanza, y disolvió la Compañía de Jesús. Esto provocó una fuerte reacción de los sectores católicos. La tensión social creció, culminando en episodios de violencia como los sucesos de Casas Viejas (Cádiz), donde la represión policial contra campesinos anarquistas desprestigió enormemente al gobierno de Azaña.


